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Mostrando las entradas de marzo, 2026

La casa que fui desarmando

​ Siempre he pensado que la forma en que somos se parece a una casa. Pero no empezamos desde cero. Llegamos a una ya construida, lista, amoblada según nuestras condiciones materiales, sociales, físicas y emocionales. Al principio, simplemente la habitamos. Con el tiempo, en mi caso, empecé a cuestionarla. Primero fueron detalles. Después, cambios más grandes. Hasta que terminé desarmándolo casi todo. Saqué paredes, moví muebles, dejé de usar espacios completos. En algún punto me quedé sin luz, sin agua, sin gas. Incluso sin un techo claro donde resguardarme. Fueron años viviendo como un vagabundo dentro de mi propia cabeza. Buscando refugios momentáneos. Quedándome en ideas que no eran del todo mías, pero que al menos ofrecían algo de abrigo. Viviendo de allegado en creencias prestadas. Pero en medio de todo eso, algo empezó a pasar. Sin darme cuenta del todo, empecé a recoger cosas. Restos, fragmentos, piezas sueltas que fui encontrando en distintos momentos ...

Humanos después de todo: La resistencia de la imperfección en la era del algoritmo

Daft Punk lo entendió antes que nadie. Los dos artistas que decidieron esconderse tras cascos de robot fueron, irónicamente, quienes mejor explicaron qué nos hace humanos. En su testamento musical, Random Access Memories, dejaron claro que la tecnología es solo un vehículo; lo que realmente importa es el "toque humano". Ese toque no nace de la perfección del código, sino de la chispa del error , de la aleatoriedad de nuestros recuerdos y de esa vulnerabilidad que ninguna IA podrá replicar jamás. La trampa de la perfección digital Vivimos en un mundo obsesionado con "pulir" las diferencias. El sistema y sus algoritmos trabajan incansablemente para individualizarnos, clasificarnos y convertirnos en números predecibles dentro de un mercado ordenado. Incluso las tendencias actuales, como el rescate de la estética de los 80 por parte de la Generación Z, corren el riesgo de ser solo otro "filtro" prefabricado si no nacen de una provocación interna. La verdade...